La empresa San José tiene la concesión de las líneas urbanas de Paraná desde diciembre. Promesas sobre una necesidad, diferencias e inconvenientes en un plan a prueba que aún no incluye a todos los usuarios
Por Camila Gomez
“¿Acá es la parada de colectivo?”, es la frase más escuchada estos días.
La confusión reina entre los usuarios del transporte público desde que inició la nueva empresa, San José, el domingo 7 de diciembre pasado. Demasiadas preguntas y ninguna respuesta oficial.
Los nuevos coches de las 11 líneas fueron recibidos con bombos y platillos, con la incertidumbre de la continuidad laboral de los trabajadores de la concesión anterior. Algo tiene la ciudad con el transporte, porque el primer día una unidad se rompió y a tras las primeras semanas ya tenían grafitis en los sillones.
Con colores vibrantes, aire acondicionado y la promesa de mejores recorridos y frecuencias, comenzaron a circular por Paraná líneas que dejaron la identificación mediante números para ser por letras.
Soy usuaria de cuatro líneas de colectivo, tres de ellas bajo el control de San José. No me pregunten aún si sé el nombre de las líneas, sólo voy preguntando si van a tal o cual destino.
En mí primer intento de usar el flamante servicio fracasé. Debía combinar dos colectivos para llegar a destino: primero la L, luego la D. Con los minutos contados, esperé una hora, una tarde de martes, al colectivo que no llegó. Debí solucionar con un vehículo de aplicación.
La segunda vez, se pudo. Esperaba grandes mejoras y, debo decir, al igual que otros usuarios consultados, me decepcioné. Fue un jueves por la mañana, de vuelta a casa, buscando lo que antes era la línea 3, recorrí toda calle Gualeguaychú en vano. En cada parada preguntaba si ahí frenaba el colectivo, insegura si ahora se llamaba A, F o G. Muchas paradas están aún sin marcar, es un juego de adivinanzas y los ciudadanos se ayudan entre sí, aunque se debatan en confusiones compartidas.
Por supuesto las marcaciones son sólo visuales. Mi manera de saber era preguntando a otros.
Con un caminar en vano, emprendí la búsqueda de una parada de la línea L, que sabía, por el grupo de usuarios en WhatsApp, que no había cambiado tanto el recorrido. Demoró 40 minutos en llegar e iba lleno (no fue un cambio con relación a la anterior gestión), el recorrido fue exactamente igual en tiempo y calles hasta mi destino, pero un cambio crucial enojó a los presentes: la falta de información de las paradas. Los colectivos frenan cada cuatro cuadras. La empresa dice que es para mantener el frío del aire acondicionado, pero perjudica a los usuarios. Sí, es cómodo viajar sin calor en pleno verano, pero ¿de qué sirve si después tengo que caminar seis cuadras hasta casa?

Mientras el recorrido avanzaba, la gente subía, preguntaba si seguían existiendo las paradas, buscaba perdida dónde apoyar la sube para pagar el pasaje. Eso cambió de lugar: pasó de estar a la derecha del chófer, a estar en una columna entre el conductor y el inicio de los sillones, más alto. La promesa de internet para cargar la SUBE a bordo no se cumplió, al menos hasta el momento de esta crónica.
En cada semáforo, el conductor miraba su mapa de paradas y recorrido que tenía impreso, lo tenía sobre su falda, allí acudía ante cada pregunta.
Si bien el colectivo es nuevo, ahora tiene dos puertas de descenso, el ascenso es más difícil si uno tiene bastón, si lleva muchas bolsas o un coche para bebé. Es un espacio más reducido e incómodo donde apenas pasa una persona delgada.
¿Y la esperada aplicación para el celular? Bien, gracias. AP: Arriba Paraná tiene tiempo estimado de llegada que no se cumple, en los barrios de la ciudad no tiene bien cargada la información de las paradas. Tampoco indica la correspondencia entre número y letra, dijeron que no es así pero solo preguntando a otros usuarios una sabe que la F hace el recorrido del 5 hacia Bajada Grande, que la L es el 9, la D, el 1, la A, el 3. Ese detalle facilitaría muchísimo el uso del transporte, porque no habría confusión entre los usuarios. Poder saber realmente qué colectivo tomamos, dónde hay que esperar, que se cumpla la promesa de planificar mejor lo cotidiano con un sistema confiable.
Un sistema que está a prueba, según la Municipalidad de Paraná, hasta marzo, debe escuchar a quienes lo utilizan a diario: se necesita información clara sobre paradas y líneas, además de más frecuencia entre colectivos. Por el momento, es más de lo mismo pero con aire acondicionado.
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